jueves, 21 de junio de 2012

En  el  diario  no  hablaban  de  ti / Pablo Marchetti
Está claro que los diarios argentinos plantean dos relatos; dos países, complementarios y funcionales uno al otro.



Está claro que los diarios argentinos plantean dos relatos; dos países, complementarios y funcionales uno al otro. Por un lado, el de Clarín y La Nación, con todo el fuego de la oposición más rancia, con espasmódicos guiños a lo que sea que se oponga al Gobierno (no importa si se trata de Moyano, de Scioli o del Partido Obrero), pero con el rumbo marcado por los sectores más concentrados del poder económico, esos que por el momento apoyan al Gobierno porque saben que no afecta grandes intereses, pero preferirían otra cosa, porque las formas hay que mantenerlas siempre.

Por el otro lado está al Gobierno, que también tiene un doble discurso alevoso: alianza con los sectores más concentrados de poder y guiños a un sector nacanpop de clase media intelectual que maneja el relato (la cosmética del relato), fundamentalmente a través de Página 12 y de Tiempo Argentino. Con el odio de los sectores más retrógrados como principal argumento para apostar al mal menor que, creen, ofrece el oficialismo. Y allí van, montados sobre el axioma de Jorge Rivas, ese de “lo mejor que tiene el Gobierno son sus enemigos”.

Hay días en que para rastrear la existencia de esos dos relatos, de esos dos países, hay que indagar un poco en ciertas sutilezas. Y hay otros en que esos dos relatos son tan obvios que sólo hace falta enunciar un par de títulos de tapa de los diarios para que todo quede al descubierto. Ayer (jueves 14-6-2012) fue uno de esos días especialmente obvios y especialmente ilustrativos sobre la existencia de este doble relato.

Primero hay que poner en contexto qué sucedía en el país, cuáles eran las noticias. Casualmente, las noticias eran dos: por un lado, que al día siguiente de que la presidenta Cristina Fernández anunciara un importante Plan de Viviendas, hubo, en apenas 24 horas, 300 mil personas que iniciaron el trámite para conseguir una casa. Y que 65 mil personas ya tenían turno otorgado por el Anses.

La otra noticia del día fue un pronunciamiento de la Corte Suprema, reclamando al Gobierno una explicación sobre cómo se usa la plata de los jubilados. O sea, los fondos del Anses, que serán con los que se financiará el plan de viviendas Procrear.

Las dos noticias son igualmente importantes. Eso es lo que pensaría cualquier periodista de oficio que intentara hacer bien su laburo. Inclusive ambas noticias encierran una paradoja: ni la supuestamente más oficialista es del oficialista, ni la supuestamente opositora es del todo opositora.

La masiva inscripción en el Anses puede ser leído por el oficialismo como un masivo apoyo a la iniciativa oficial. Pero también desnuda las carencias en un tema vital para la población, por parte de un Gobierno que lleva ya 9 años. No es que asumió ayer, ni hace unos meses, ni siquiera un par de años. La situación de la vivienda es desesperante y por más buena que resulte el plan Procrear, lo cierto es que hasta el momento se había hecho poco y nada.

En cuanto a las críticas de la Corte Suprema, el asunto es bien interesante. Porque la Corte cuestiona y pone el dedo en la llaga en el problema real del asunto. Preguntarse “¿qué pasa con la plata del Anses?” es preguntarse también si no hay otras formas de financiar un plan que, a priori, parece beneficioso para los sectores más vulnerables. O sea, todo bien con las viviendas para pobres pero, ¿era necesario que las financien los jubilados? Perdón por la obviedad, pero, ¿no era mejor gravar la renta financiera?

Sin embargo, podría argumentarse desde el oficialismo que las críticas de la Corte, aunque incómodas, no son más que la prueba de que esta Corte es una Corte independiente. Que los argumentos de la oposición mediática sobre la falta de libertad, y de presentar al Gobierno como una cuasi dictadura son de un delirio total. Porque uno de las grandes medidas del oficialismo fue haber nombrado a esta Corte que critica.

Por supuesto que nada de esto sucedió en la tapa de los diarios, que no andan para sutilezas y todo el tiempo parecen dispuestos a cerrar filas con el trazo grueso. Y todo transcurrió por los carriles de la obviedad (y la consecuente afrenta al periodismo) a la que los diarios nos tienen acostumbrados últimamente: Clarín y La Nación pusieron en tapa el reclamo de la Corte, y Página y Tiempo fueron con el boom de inscriptos para solicitar los créditos. Y cada uno obvió la otra noticia, ni siquiera la incluyó, más pequeña o como un recuadro.

Estas dos noticias parecen llevar a la conclusión de que para entender la realidad política argentina hay que hacer un balance entre lo que publican cuatro diarios de alcance nacional. Pero no. Hace diez días, en Loncopué, Neuquén, sucedió algo que, modestamente, me atrevería a considerar como la noticia política más importante de los últimos meses.

En Loncopué se realizó el primer plebiscito vinculante sobre megaminería. Y el 85 por ciento del padrón votó en contra de la actividad minera a cielo abierto y con cianuro. Tan aplastante fue el triunfo que el intendente del Movimiento Popular Neuquino apoyó el voto antiminero, contradiciendo lo que opina su partido a nivel provincial. Lo mismo ocurrió con el Frente para la Victoria y la Unión Cívica Radical.

Como había sucedido en Andalgalá, los dirigentes locales saben que si no apoyan lo que exige la mayoría, el reclamo popular se los lleva puestos. El resultado de Loncopué sirve, además, para recordar que existe un mecanismo de participación popular (el referéndum) que podría usarse para montones de medidas, sobre todo con las que tienen que ver con el manejo de los recursos públicos, como impuestos, sin ir más lejos.

Es cierto que el Gobierno obtuvo el 54 por ciento en diciembre y el triunfo es inobjetable pero, ¿no es probable que haya mucha gente que votó a Cristina pero está en contra de la megaminería, de rociar los campos con glifosato o de instalar una base militar norteamericana en el Chaco? Lo más curioso es que la noticia de Loncopué pasó inadvertida para los diarios de alcance nacional. Tanto para los opositores como para los oficialistas.

Bienvenidos a la Argentina. Un país donde lo que importa no es el balance entre la mitad a medias que cuentan tanto los grupos mediáticos tradicionales de posición dominante, como los grupos mediáticos oficialistas de posición expectante. No, definitivamente, lo que realmente importa en el país es eso que no es importante para los diarios. Ni para unos ni para otros.

Fuente: isepci.org.ar 



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